Buenas tardes a todos:

En primer lugar, quisiera agradecer a Dios por el regalo de haber tenido a Martín y a su familia como parte de nuestra querida Comunidad institutana.

Martín fue siempre una persona muy querible: alegre, cariñoso, cercano y de bromas rápidas y peculiarmente fomes. Durante estos días, al recordar su vida, hay una expresión que se repite constantemente entre quienes lo conocimos: su alegría de vivir y disfrutar del día a dìa, Por eso nos cuesta tanto comprender que toda esa alegría  ayer  se haya  transformado en un dolor tan profundo. Nos cuesta encontrar explicaciones, no obstante reconocemos  su inmensa fortaleza, su entrega generosa, su valentía silenciosa y el amor con el que nunca dejó de luchar.

Viene a mi memoria el día en que Martín regresó al colegio después de su primer episodio de enfermedad. Estaba feliz y quería sorprender a sus compañeros. Me dijo: “Tía, no les avise que vuelvo; todos se van a sorprender”.

Sin embargo, el sorprendido fue él ,justo cuando iba camino a la sala para darles la sorpresa, un temblor repentino nos obligó a activar el timbre de emergencia y a reunirnos todos en el patio. Cuál no sería su sorpresa al ver cómo sus compañeros se abalanzaron sobre él, emocionados y felices, como si estuvieran presenciando un verdadero milagro, era nuestro héroe que había vencido la batalla…

Creo firmemente que Martín estuvo entre nosotros, junto a su familia, sus amigos, sus compañeros y profesores, para sacar lo mejor de cada uno. Siempre recordaremos su saludo atento, su sonrisa permanente y aquellas frases tan propias de él: “Tía, no le diga a mi mamá” o “Profe, le traigo un pie de limón o un quequito, sonría yo lo quiero.

En mi  visita a la clínica, Martín me pidió aparte de que le ayudara con  su promedio y que le asegurara su paso a 4º Medio con su generación, algo que hoy deseo compartir y cumplir. Me dijo con mucha sinceridad: “Tía, dígales a todos  en el colegio que de verdad los quiero mucho”. Estas palabras representan el cariño profundo que él sentía por todos quienes con creces hoy han retribuido su cariño acompañándolo y manteniendo nuestras oraciones por su eterno descanso.

En nombre de nuestra comunidad, quiero agradecer especialmente a su familia por habernos permitido conocerlo, quererlo y acompañarlo. Gracias por la confianza depositada en este querido colegio, y por permitirnos estar presentes en los momentos de alegría, esperanza, dificultad y despedida.

Gracias también  a nuestros  funcionarios , apoderados ,a sus amigos y a toda su generación. Gracias por haberlo acompañado, por haberlo esperado, por celebrar cada uno de sus regresos y por entregarle una amistad sincera. El cariño que hoy manifiestan es también testimonio de la profunda huella que Martín dejó en ustedes.

Confiamos en Dios y a nuestra querida Virgen María tu alma noble y tu sonrisa pura. Pedimos que, para quienes hoy te lloramos, que este inmenso dolor pueda transformarse lentamente en una gratitud serena por el regalo de haberte conocido, de haberte querido y de haber compartido contigo una parte importante  de tu vida.

Estamos claros que la muerte puede separar nuestras manos, pero nunca podrá separar nuestros corazones.

Gracias, Martín, por haber permitido a esta comunidad acompañarte y celebrar tu Pascua. Gracias por tu alegría, tu ternura, tus bromas y tu forma tan especial de querer.La vida de Martín no se mide por la cantidad de años que vivió, sino por la profundidad de la huella que dejó en cada uno de nosotros.

A nombre de la familia me permito agradecer cada gesto, cada abrazo, cada flor y cada muestra de cariño que ha permitido sentir la presencia del amor de Martín en cada uno de ustedes.

Descansa en paz, querido Martín hasta que nos volvamos a encontrar.