Elevamos una oración de gratitud al Señor por la misa celebrada del 8°A en nuestra capilla, presidida por el Padre Diego, quien con su palabra supo guiar nuestros corazones hacia el encuentro profundo con el «Soy» que da sentido a nuestra existencia.
En esta celebración, marcada por la ausencia física de nuestro querido Martín, el mensaje del Padre Diego resonó con fuerza, volver a encontrarse con el «Soy» es redescubrir la presencia viva de Dios en medio del dolor, es reconocer que su amor nos sostiene y que la vida eterna es la promesa que nos une más allá de toda despedida.

Agradecemos a Dios Padre por este momento de gracia, y al Padre Diego por su guía espiritual, que nos invita a mirar con esperanza el camino que compartimos como familia institutana.
Destacamos con especial cariño la participación de los apoderados y alumnos de otros cursos quienes con su presencia y compañía reflejan el espíritu de colaboración que fortalece nuestra comunidad educativa. Su ejemplo nos recuerda que la fe se vive en comunidad y que el acompañamiento familiar es pilar fundamental en la formación de nuestros jóvenes.

Invitamos a todos a seguir unidos en oración, recordando que cada misa es un reencuentro con el amor de Cristo, quien nos llama a ser testigos de su misericordia y a caminar juntos en la construcción de un mundo más fraterno.
